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Elementos clave de una novela de terror

Son muchos los elementos de una historia de terror que pueden llegar a perturbar nuestra tranquilidad, a no dejarnos dormir, a inquietarnos hasta la obsesión. El terror se infunde, común y satisfactoriamente, a través de personajes que van desde espíritus, extraterrestres y monstruos inimaginables, pasando por zombis y vampiros, hasta robots, payasos o locos asesinos.

Lo que quitaba el sueño a la sociedad del siglo XIX eran las trasgresiones de la ciencia típicas de Maupassant, Stevenson o de los cuentos metafísicos de Poe, además de Shelley y su famoso Frankestein. Durante el siglo XX, aparece el terror de Lovecraft que nos hace temer la destrucción de la civilización y el del mismísimo Stephen King que empieza con Carrie, Eso y El resplandor para seguir con La Cúpula. Actualmente, triunfan las hordas de zombis retratadas en sus libros por Brian Keene y en películas o videojuegos tan famosos como Resident Evil o 28 días después.

A pesar de la complejidad del género, de las diferencias históricas y del gusto de cada autor y lector, todas las historias de terror giran en torno a unos parámetros básicos que os presentamos aquí:

La trasgresión de lo cotidiano

Para asustarnos hoy en día parece que no hace falta más que una subida en la factura de la luz. Y es que, al fin y al cabo, el pago de una factura es algo cotidiano, que no nos priva de la seguridad en la que estamos acostumbrados a vivir día a día. Sin embargo, las historias de terror deben superar lo cotidiano. No importa la extensión que necesites para llevar al lector de la tranquilidad a la inquietud. En muchas ocasiones, una figura terrorífica no es suficiente para separarlo de la seguridad de su sofá, sino que se necesitan otros elementos, como casas, otros personajes principales o secundarios, ambientes, sensaciones…

La calma

¿Por qué crees que algunas novelas de Stephen King son tan largas? Porque antes de que el terror aparezca, ha sido capaz de describir una región y unos personajes, una realidad como la nuestra. No presentes el objeto de terror en la primera página, tómatelo con calma, sé sutil y emplea pequeños detalles desconcertantes: una visión, un escalofrío, un ruido o un olor peculiar.

Supera lo típico

Se dice que todo está inventado y debe ser verdad, porque personajes de terror hay muchos y muy diferentes. Utiliza personajes típicos, o no tanto, y dótalos de algo diferente. ¿No te angustiaría descubrir que los vampiros que te persiguen pertenecen a tu familia? Procura escribir sobre miedos actuales: tus propios miedos o aquellos muy latentes en nuestra sociedad. Recuerda que el asco y el miedo van de la mano, juega con eso.

El suspense

El suspense debe ser gradual hasta que llegue un momento en el que explote. Consigue que el lector no sufra por el monstruo en sí, sino por el personaje que tanto le gusta. No acabes tu relato o tu historia con una frase lapidaria del tipo “y le encontraron en su cama con la cabeza cortada”. El terror no reside en esa frase final sino que debe dosificarse y construirse a lo largo de la novela. Puedes acabar con un final abierto pero quizá te conviene no zanjar la historia para siempre; haz que el lector piense que la amenaza o el miedo le persiguen: de esa forma, no podrá dejar de pensar en tu historia.

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