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El cuento: el género olvidado (en algunos sitios)

¿Quién no tiene un cuento o un libro de cuentos que ha marcado su vida? ¿Qué autor consagrado no ha invertido todas sus fuerzas en este género? Autores como Cortázar, Borges o Allende tienen presente su importancia y su dificultad, ya que, como declaran, los cuentos son complicados de elaborar porque requieren inspiración y porque son la mezcla de ritmo, tensión e interés en un espacio muy reducido:

Nadie puede pretender que los cuentos sólo deban escribirse luego de conocer sus leyes… no hay tales leyes; a lo sumo cabe hablar de puntos de vista, de ciertas constantes que dan una estructura a ese género tan poco encasillable, Julio Cortázar

Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos, Jorge Luis Borges

El cuento requiere inspiración. De repente tienes un destello de lucidez que te permite ver un evento desde un ángulo inesperado. No puedes provocarlo. Te vas a algún lugar, ves gente bailando y de súbito entiendes las relaciones entre esas personas, o crees percibir algo que está ahí y nadie más puede ver, Isabel Allende

 

A pesar de la importancia y la consideración como género literario que le conceden algunos autores, los cuentos no gozan de la misma importancia en todos los territorios. En el territorio hispanohablante, la consideración y popularidad del cuento es muy diferente. En las Américas, este género siempre ha gozado de un interés especial, mientras que en España ha quedado un poco en el olvido. No es que los autores españoles no sepan escribir cuentos o directamente no se dediquen a ellos, porque hay excelentes cuentistas (Ana María Matute, Juan Benet, Jordi Puntí, Félix J. Palma…), sino que en España no hay una tradición cuentista arraigada. El desapego por los cuentos lo favorece además el ‘poco’ interés que muchas editoriales tienen en publicar un libro o una antología de cuentos. Parece que el cuentista no puede vivir de sus cuentos porque no es lo que está en demanda ahora mismo y porque el público no está habituado a este género o el público fiel no se termina de consolidar nunca.

Al parecer, el cuento trae otras ‘dificultades’ pues, ha de ser breve, intenso y simple. Esta combinación tan sencilla a simple vista puede desesperar a cualquiera; hay que definir los personajes de manera clara y concisa, también el espacio y el tiempo y al mismo tiempo hacer que el lector no se pierda ninguno de los detalles y sea capaz de imaginar el resto. Además, el tema no es la pieza central de la obra, sino que lo más importante es la tensión que sobretodo se encuentran en las primeras palabras o escenas.

En América Latina la tradición de relatos se ha mantenido y cuenta con un carácter propio, fuerte e independiente. Los autores latinos han seguido la cuentística que habían ya iniciado algunos clásicos como Arthur Conan Doyle quien solo escribió 4 novelas de Sherlock Holmes en comparación a los 60 relatos de unas 40-60 páginas que produjo, Dostoievski y su volumen de cuentos o Chéjov que dedicaba la mayor parte de su tiempo a los relatos cortos. Entre estos nombres también encontramos a Franz Kafka que, conocido por su Metamorfosis, también escribía relatos igual que Nabokov que a pesar de su triunfo indiscutible con Lolita, entre otras obras, también colecciona en su carrera historias cortas. Como decíamos, nacieron y aún nacen autores que otorgan gran importancia al cuento revalorizándolo y mostrándolo como una masterclass de literatura en el que precisión, sencillez e intensidad han de estar perfectamente unidas. Entre ellos encontramos a Jorge Luis Borges con Ficciones, El Aleph y El reloj de arena; a Julio Cortázar con Bestiario, Final del juego y Octaedro; a Vargas Llosa y su Los jefes y Los cachorros, también Isabel Allende y su Cuentos de Eva Luna y el importantísimo Gabriel García Márquez (Los funerales de la Mamá Grande, Doce cuentos peregrinos…) que presentó sus primeros cuentos en el periódico El Espectador.

Aunque el interés en territorio español sea menor, no significa que no haya cuentos y autores espectaculares como decíamos antes. Pues, parece ser que el género se abre y cada vez tiene mayor aceptación. Incluso intelectuales que solían dedicarse a otras artes se han iniciado en el género, como el guionista mexicano Guillermo Arriaga (actualmente guionista, director y escritor) y su libro de relatos Retorno 201.

A pesar de la mala racha que vive el cuento, probablemente estos sean los primeros síntomas de un cambio, donde las historias cortas, los relatos o los cuentos (aunque existan diferencias entre estos términos) pasan a un primer plano y adquieren un mayor reconocimiento.

Y tú, ¿apuestas por este género?